sábado, marzo 17, 2012

The Dark Knight o la guerra por otros medios

Fuente: http://bucefalo.com.mx

El mismo título de la película evoca la marginalidad de la ley, su actuar en las sombras del Estado de Derecho, en la excepción. El caballero de la noche, no es otra cosa que el paladín de la anomia. No de la anomia que pretende romper con el derecho, sino de la anomia que suspende el derecho, para “protegerlo”, para reinstaurarse como anomia normativizada.

Batman es la figura idealizada por los grupos dominantes para la conservación del poder. Un súper héroe que ya no corre al auxilio de la población indefensa, sino por el contrario representaría al “otro mecanismo” con el que cuentan exclusivamente los gobiernos para hacer valer “el imperio de la ley”. Paradójicamente en la película Batman es presentado como un outlaw, un proscrito, un bandido, el Friedlos -el “sin paz” del antiguo derecho germánico-, en última instancia “quién está fuera de la ley”. Lo que resulta contradictorio pues el “hacer valer” el imperio de la ley esta en manos de quien está más allá de la ley, lo que nos remite a la lógica del estado de excepción: para defender el derecho, hay que suspender el derecho. En otras palabras, Batman es la medida excepcional para contextos excepcionales: la guerra civil social mundial.

Surge aquí la figura de Harvey “Dos caras” Dent, quien representaría una especie de “umbral” en el que hecho y derecho confluyen y confunden. Dent, sería en este caso la figura del Poder Soberano, en cuanto tiene el poder para decidir sobre el estado de excepción, quien también garantiza el anclaje al orden jurídico. Esto porque, “precisamente en la medida en que la decisión concierne aquí a la anulación misma de la norma; en tanto, es decir, el estado de excepción representa la inclusión y la captura de un espacio que no está ni afuera ni adentro (aquel que corresponde a la norma anulada y suspendida), “el soberano está fuera (steht ausserhalb) del orden jurídico normalmente válido, y sin embargo, pertenece (gehört) a él, porque es responsable por la decisión acerca de si la constitución puede ser suspendida in toto” (Agamben, 2004:75)

Es Dent el poder soberano que determina sobre el estado de excepción, quien decide sobre las medidas excepcionales a utilizar para hacer frente al colapso ontológico ecosocial mundial. Las medidas “normales” resultan ineficaces para enfrentar a un desbordado crimen organizado, las mafias han comprado a policías, jueces y políticos. Ciudad Gótica -que vendría a ser cualquier ciudad, cualquier Estado-, alegóricamente vendría a representar a una especie de “Estado Fallido”.

Es tal el grado de criminalidad que a quienes nos gobiernan “no les queda otra opción” más que hacer uso de medidas excepcionales (por ejemplo, militarizar la lucha contra el narcotráfico en México), lo que llega a poner en jaque al crimen organizado. Las mafias temen a la noche por Batman, y a lo que Batman representa, precisamente: la ley marcial. Entonces el crimen organizado contrarresta esta embestida, haciendo uso también de medidas excepcionales (Joker). Este argumento está influenciado extremadamente por un discurso neoconservador, con el que se pretendió vincular al narcotráfico y el crimen organizado, con guerrillas y grupos subversivos que fueron catalogados como terroristas.

Ante esta unión de criminales organizados y terroristas que también son 2 acepciones de la guerra civil social mundial, la única solución que se nos presenta es que esta amenaza latente debe ser enfrentada con toda la “fuerza de ley”. Y a esto nos dice Jakobs: “la supresión de derechos, encaminada no a la reparación del daño en un sentido amplio, sino al combate de una fuente de peligro, es lucha y -con ello-, guerra” (Jakobs, 2009: 42)

En el plano jurídico para hacer frente a este nuevo contexto se llega a adoptar la figura del derecho penal del enemigo. Al ser los mafiosos y el terrorista “individuos peligrosos” a ellos no se les puede juzgar por el derecho penal del ciudadano. Al representar un peligro para el orden establecido, la sociedad les suspende su categoría de personas, y con ello sus derechos elementales. Es por tanto válida la tortura, la amenaza de muerte, los atentados contra la integridad física y mental de los ahora declarados enemigos. Y este tipo de castigo nos explica Günther Jakobs, “no se dirige contra la persona en derecho -ésta ni oculta pruebas ni huye, esto es, no cumple los presupuestos de prisión preventiva- sino contra el individuo, el cual, con sus instintos y miedos naturales, deviene peligroso para el desarrollo correcto del proceso; esto es, se comporta en ese sentido como un enemigo” (Jakobs, 2009: 41).

Resulta interesante como nos presentan la figura del terrorista en esta película: el terrorista es un anarquista, es una de esas gentes que “solo quieren ver arder al mundo”, él no tiene un rostro y/o identidad definible (como si lo tienen los criminales organizados), su objetivo no es lucrar, sus propósitos son enteramente ideológicos: él quiere cambiar el mundo, al igual que las feministas, que la comunidad GLBTT, ambientalistas, indígenas, y demás movimientos sociales; y por eso es un criminal, pero más que un simple delincuente, él como terrorista, es un enemigo de la sociedad. De ahí que resulta interesante la figura del Joker, quién también vendría a ser un forajido, un outlaw, pero a diferencia de Batman, este es catalogado como un enfermo. Y por su “enfermedad mental”, no es de los que aprenden la lección, es por eso que “su medicina es la masacre”, como se puede leer en el camión en el que viajaba el Joker, en la escena de la persecución.

El terrorismo es más peligroso que el crimen organizado, nos dice la película. Y para hacer frente a esta amenaza, se deben adoptar medidas excepcionales, por que es la única forma de vencer, nos dicen. Y esto se ve reflejado en una idea que emerge en varias ocasiones. Nos dicen primero “nunca está tan oscuro como cuando amanece” y luego “las cosas tienen que empeorar para que mejoren”. El Joker, es un anarquista, y eso lo hace un terrorista y un enemigo de la sociedad. Él quiere acabar con el orden establecido, por eso, en defensa de ese mismo orden, el poder soberano, determina sobre el estado de excepción, es decir, suspende el derecho, para evitar que el derecho establecido sea suspendido. Y por eso Dent se alía con Batman, por que la única forma de vencer a un outlaw es siendo outlaw también. Es decir que nos sumerge en el dilema y ciclo del terrorismo: para vencer al terrorismo hay que ser terrorista también.

Y por estas razones la guerra civil social mundial, es también una guerra total. Una guerra que no acepta la disidencia, y que hará uso de todos los recursos disponibles para “hacer valer” su imperio de la ley. Esta es una película que evidencia la zona de indistinción en la que hemos caído, un mundo en el que hecho y derecho se confunden, así como lo militar y lo policiaco, el crimen organizado y el terrorismo, el amigo y el enemigo. Y ante este nuevo tipo de combate contra el peligro: “Se hace todo lo posible para combatir el peligro, y cuando se le combate todo está en regla” (Jakobs, 2009:36). Por eso el vigilar a toda la ciudad, destruyendo los límites entre lo privado y lo público, el rastreo de llamadas, a pesar de ser ilegal se justifica por pretender fines legales: el fin justifica los medios. Ya sea espiando a todas las personas para rastrear al terrorista, o bien viajando clandestinamente a China a secuestrar personas para ser juzgadas en tribunales de EEUU.

Ahora bien, hay un nuevo dilema ético que se evidencia en la película cuando el Joker coloca explosivos en 2 barcos repletos de gentes, y los pone a decidir sobre quiénes viven y quienes deben morir. En un barco hay civiles, y en el otro criminales. ¿Quiénes deben sobrevivir? Este acto del Joker resulta interesante en 2 aspectos: por un lado puede ser visto como una acción prometéica: en el sentido de que le otorga a la gente el poder soberano, que es también biopolítico, nos dice Agamben, para determinar sobre la vida y la muerte. Pero también nos remite a una “sociedad civil” indefensa, temerosa, incapaz de adoptar medidas excepcionales para protegerse. Es una sociedad que no es capaz de presionar el botón, por lo tanto, lo que nos dice es que para enfrentar a este nuevo tipo de criminalidad, no bastan los medios civiles, y que más bien estos no están a la altura de los acontecimientos, y por tanto debemos relegar nuestro poder a un grupo líder que si es capaz de adoptar esas medidas con tal de garantizar la paz y la seguridad. Al nadie presionar el botón para destruir al otro barco, la vida y la muerte ha sido relegada nuevamente al que está más allá de la ley, algo completamente hobbesiano...

Al final, nos presentan toda esta cuestión de la excepcionalidad como un sacrificio, que hacen ellos, quienes ostentan el poder, para protegernos en esta nueva guerra, se les odiará, pero es parte del sacrificio -No es de extrañar que Bush se preguntara por qué el mundo odia a los EEUU-, pero al final, la ilegalidad, si bien no es algo de qué enorgullecernos, nos dicen, es un medio que nos garantiza paz y seguridad. Por eso Batman no es un héroe, es un vigilante, un guardián, la fuerza anómica de la ley,... ¿Un hegemón benevolente?

Referencias
Agamben, G. (2004). Estado de Excepción. Trad. Costa, F/Costa, I. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

Jakobs, G; Polaino-Orts, M. (2009). Terrorismo y Estado de Derecho. Colombia: Universidad Externado de Colombia.

3 comentarios:

Polvora Negra dijo...

Que bueno el analisis que haces de la pelicula.
Saludos desde Peru..

Polvora Negra dijo...

Muy bueno el analisis publicado en el Post,saludos desde Peru.

Bryan González Hernández dijo...

Gracias, preparo una serie de análisis de películas como éste... saludos