sábado, marzo 17, 2012

The Dark Knight o la guerra por otros medios

Fuente: http://bucefalo.com.mx

El mismo título de la película evoca la marginalidad de la ley, su actuar en las sombras del Estado de Derecho, en la excepción. El caballero de la noche, no es otra cosa que el paladín de la anomia. No de la anomia que pretende romper con el derecho, sino de la anomia que suspende el derecho, para “protegerlo”, para reinstaurarse como anomia normativizada.

Batman es la figura idealizada por los grupos dominantes para la conservación del poder. Un súper héroe que ya no corre al auxilio de la población indefensa, sino por el contrario representaría al “otro mecanismo” con el que cuentan exclusivamente los gobiernos para hacer valer “el imperio de la ley”. Paradójicamente en la película Batman es presentado como un outlaw, un proscrito, un bandido, el Friedlos -el “sin paz” del antiguo derecho germánico-, en última instancia “quién está fuera de la ley”. Lo que resulta contradictorio pues el “hacer valer” el imperio de la ley esta en manos de quien está más allá de la ley, lo que nos remite a la lógica del estado de excepción: para defender el derecho, hay que suspender el derecho. En otras palabras, Batman es la medida excepcional para contextos excepcionales: la guerra civil social mundial.

Surge aquí la figura de Harvey “Dos caras” Dent, quien representaría una especie de “umbral” en el que hecho y derecho confluyen y confunden. Dent, sería en este caso la figura del Poder Soberano, en cuanto tiene el poder para decidir sobre el estado de excepción, quien también garantiza el anclaje al orden jurídico. Esto porque, “precisamente en la medida en que la decisión concierne aquí a la anulación misma de la norma; en tanto, es decir, el estado de excepción representa la inclusión y la captura de un espacio que no está ni afuera ni adentro (aquel que corresponde a la norma anulada y suspendida), “el soberano está fuera (steht ausserhalb) del orden jurídico normalmente válido, y sin embargo, pertenece (gehört) a él, porque es responsable por la decisión acerca de si la constitución puede ser suspendida in toto” (Agamben, 2004:75)

Es Dent el poder soberano que determina sobre el estado de excepción, quien decide sobre las medidas excepcionales a utilizar para hacer frente al colapso ontológico ecosocial mundial. Las medidas “normales” resultan ineficaces para enfrentar a un desbordado crimen organizado, las mafias han comprado a policías, jueces y políticos. Ciudad Gótica -que vendría a ser cualquier ciudad, cualquier Estado-, alegóricamente vendría a representar a una especie de “Estado Fallido”.

Es tal el grado de criminalidad que a quienes nos gobiernan “no les queda otra opción” más que hacer uso de medidas excepcionales (por ejemplo, militarizar la lucha contra el narcotráfico en México), lo que llega a poner en jaque al crimen organizado. Las mafias temen a la noche por Batman, y a lo que Batman representa, precisamente: la ley marcial. Entonces el crimen organizado contrarresta esta embestida, haciendo uso también de medidas excepcionales (Joker). Este argumento está influenciado extremadamente por un discurso neoconservador, con el que se pretendió vincular al narcotráfico y el crimen organizado, con guerrillas y grupos subversivos que fueron catalogados como terroristas.

Ante esta unión de criminales organizados y terroristas que también son 2 acepciones de la guerra civil social mundial, la única solución que se nos presenta es que esta amenaza latente debe ser enfrentada con toda la “fuerza de ley”. Y a esto nos dice Jakobs: “la supresión de derechos, encaminada no a la reparación del daño en un sentido amplio, sino al combate de una fuente de peligro, es lucha y -con ello-, guerra” (Jakobs, 2009: 42)

En el plano jurídico para hacer frente a este nuevo contexto se llega a adoptar la figura del derecho penal del enemigo. Al ser los mafiosos y el terrorista “individuos peligrosos” a ellos no se les puede juzgar por el derecho penal del ciudadano. Al representar un peligro para el orden establecido, la sociedad les suspende su categoría de personas, y con ello sus derechos elementales. Es por tanto válida la tortura, la amenaza de muerte, los atentados contra la integridad física y mental de los ahora declarados enemigos. Y este tipo de castigo nos explica Günther Jakobs, “no se dirige contra la persona en derecho -ésta ni oculta pruebas ni huye, esto es, no cumple los presupuestos de prisión preventiva- sino contra el individuo, el cual, con sus instintos y miedos naturales, deviene peligroso para el desarrollo correcto del proceso; esto es, se comporta en ese sentido como un enemigo” (Jakobs, 2009: 41).

Resulta interesante como nos presentan la figura del terrorista en esta película: el terrorista es un anarquista, es una de esas gentes que “solo quieren ver arder al mundo”, él no tiene un rostro y/o identidad definible (como si lo tienen los criminales organizados), su objetivo no es lucrar, sus propósitos son enteramente ideológicos: él quiere cambiar el mundo, al igual que las feministas, que la comunidad GLBTT, ambientalistas, indígenas, y demás movimientos sociales; y por eso es un criminal, pero más que un simple delincuente, él como terrorista, es un enemigo de la sociedad. De ahí que resulta interesante la figura del Joker, quién también vendría a ser un forajido, un outlaw, pero a diferencia de Batman, este es catalogado como un enfermo. Y por su “enfermedad mental”, no es de los que aprenden la lección, es por eso que “su medicina es la masacre”, como se puede leer en el camión en el que viajaba el Joker, en la escena de la persecución.

El terrorismo es más peligroso que el crimen organizado, nos dice la película. Y para hacer frente a esta amenaza, se deben adoptar medidas excepcionales, por que es la única forma de vencer, nos dicen. Y esto se ve reflejado en una idea que emerge en varias ocasiones. Nos dicen primero “nunca está tan oscuro como cuando amanece” y luego “las cosas tienen que empeorar para que mejoren”. El Joker, es un anarquista, y eso lo hace un terrorista y un enemigo de la sociedad. Él quiere acabar con el orden establecido, por eso, en defensa de ese mismo orden, el poder soberano, determina sobre el estado de excepción, es decir, suspende el derecho, para evitar que el derecho establecido sea suspendido. Y por eso Dent se alía con Batman, por que la única forma de vencer a un outlaw es siendo outlaw también. Es decir que nos sumerge en el dilema y ciclo del terrorismo: para vencer al terrorismo hay que ser terrorista también.

Y por estas razones la guerra civil social mundial, es también una guerra total. Una guerra que no acepta la disidencia, y que hará uso de todos los recursos disponibles para “hacer valer” su imperio de la ley. Esta es una película que evidencia la zona de indistinción en la que hemos caído, un mundo en el que hecho y derecho se confunden, así como lo militar y lo policiaco, el crimen organizado y el terrorismo, el amigo y el enemigo. Y ante este nuevo tipo de combate contra el peligro: “Se hace todo lo posible para combatir el peligro, y cuando se le combate todo está en regla” (Jakobs, 2009:36). Por eso el vigilar a toda la ciudad, destruyendo los límites entre lo privado y lo público, el rastreo de llamadas, a pesar de ser ilegal se justifica por pretender fines legales: el fin justifica los medios. Ya sea espiando a todas las personas para rastrear al terrorista, o bien viajando clandestinamente a China a secuestrar personas para ser juzgadas en tribunales de EEUU.

Ahora bien, hay un nuevo dilema ético que se evidencia en la película cuando el Joker coloca explosivos en 2 barcos repletos de gentes, y los pone a decidir sobre quiénes viven y quienes deben morir. En un barco hay civiles, y en el otro criminales. ¿Quiénes deben sobrevivir? Este acto del Joker resulta interesante en 2 aspectos: por un lado puede ser visto como una acción prometéica: en el sentido de que le otorga a la gente el poder soberano, que es también biopolítico, nos dice Agamben, para determinar sobre la vida y la muerte. Pero también nos remite a una “sociedad civil” indefensa, temerosa, incapaz de adoptar medidas excepcionales para protegerse. Es una sociedad que no es capaz de presionar el botón, por lo tanto, lo que nos dice es que para enfrentar a este nuevo tipo de criminalidad, no bastan los medios civiles, y que más bien estos no están a la altura de los acontecimientos, y por tanto debemos relegar nuestro poder a un grupo líder que si es capaz de adoptar esas medidas con tal de garantizar la paz y la seguridad. Al nadie presionar el botón para destruir al otro barco, la vida y la muerte ha sido relegada nuevamente al que está más allá de la ley, algo completamente hobbesiano...

Al final, nos presentan toda esta cuestión de la excepcionalidad como un sacrificio, que hacen ellos, quienes ostentan el poder, para protegernos en esta nueva guerra, se les odiará, pero es parte del sacrificio -No es de extrañar que Bush se preguntara por qué el mundo odia a los EEUU-, pero al final, la ilegalidad, si bien no es algo de qué enorgullecernos, nos dicen, es un medio que nos garantiza paz y seguridad. Por eso Batman no es un héroe, es un vigilante, un guardián, la fuerza anómica de la ley,... ¿Un hegemón benevolente?

Referencias
Agamben, G. (2004). Estado de Excepción. Trad. Costa, F/Costa, I. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

Jakobs, G; Polaino-Orts, M. (2009). Terrorismo y Estado de Derecho. Colombia: Universidad Externado de Colombia.

jueves, septiembre 08, 2011

¿Bellum omnium contra omnes?


Nuestro sistema actual es una máquina universal para arrasar el medio ambiente y para producir perdedores con los que nadie tiene la más mínima idea de qué hacer”.
Susan George.

Bellum omnium contra omnes”, con estas palabras, Thomas Hobbes (1588-1679), proclamó que la "naturaleza humana" era una "lucha de todos contra todos", una lucha en la que todos somos lobos de nosotros mismos (homo hominis lupus). Dicha imagen de la naturaleza humana será reproducida a lo largo de toda nuestra historia, reforzada por los planteamientos de aquel pastor anglicano de Surrey, Thomas Robert Malthus (1766-1834) quien nos decía que el problema de este mundo no era el sistema social imperante, sino la reprodución de la especie humana. También por las erróneas interpretaciones a los planteamientos de Charles Darwin (1809-1882) sobre el origen de las especies, hechas por lo que se llegará a llamar "darwinismo social", una pseudociencia que reinterpreta (malinterpreta) la selección natural, planteada por Darwin, y la aplica a las relaciones humanas. Uno de sus principales exponentes fue Herbert Spencer (1820-1903). Cabe destacar que al igual que Karl Marx (1818-1883) nunca se declaró marxista, Charles Darwin nunca apoyó los postulados de estos "dawinistas" sociales.

Surge así la idea de una lucha por la supervivencia, en la que los más aptos serán los triunfadores. Nos cuenta Carl Amery que se llegó a concebir que "las miserias de las clases bajas no procedía de la poverté o de la inhumanidad innata del sistema industrial, sino de un material genético de menor valor" (Amery, 2002:29). Concepción que no sólo será defendida por los nazis en Alemania, sino que también será uno de los elementos medulares del capitalismo y que es la esencia de la figura de la "competencia".

Hemos reproducido hasta el cansancio el discurso del estado de naturaleza sin cuestionamiento alguno, sin darnos cuenta que el estado de naturaleza "no es una época real, cronológicamente anterior a la fundación de la Ciudad, sino un principio interno a ésta, que aparece en el momento en que la Ciudad es considerada tanquam dissoluta (algo similar, pues, al estado de excepción) (...) El estado de naturaleza hobbesiano no es una condición prejurídica completamente indiferente al derecho de la ciudad, sino la excepción y el umbral que constituyen ese derecho y habitan en él; no es tanto una guerra de todos contra todos, cuanto, más exactamente, una condición en que cada uno es para el otro nuda vida y homo sacer" (Agamben, 2003: 137).

La lógica del estado de naturaleza hobbesiano nos ha conducido a una zona de indistinción entre lo humano y lo animal. Una lógica que nos conduce al suicidio colectivo, en cuanto todos/as nos convertimos en los/as asesinos de nosotros/as mismos/as. Agamben nos dice que "esta lupificación del hombre y esta hominización del lobo son posibles en todo momento en el estado de excepción, en la dissolutio civitatis. Sólo este umbral, que no es ni la simple vida natural ni la vida social sino la nuda vida o la vida sagrada, es el presupuesto siempre presente y operante de la soberanía" (2003: 137-138).

En otras palabras, la reproducción del discurso del estado de naturaleza implica el mantenimiento de las estructuras y las mentalidades jerárquicas de la sociedad. Esto en cuanto la "mentalidad jerárquica fomenta la renuncia a los placeres de la vida. Justifica el trabajo pesado, el delito, y el sacrificio de los "inferiores", y el placer y la satisfacción indulgente de prácticamente todos los caprichos de los superiores" (Bookchin, 1999:23).

Se nos ha impuesto la supervivencia del más apto, desde prácticamente todos los aspectos de nuestra vida. La historia de Occidente se ha enmarcado en esa eterna lucha, en la que siempre ganarán los más aptos, que además se cubrirán con el manto de la moralidad: siempre están en lo correcto, son los buenos, los bellos, los que siempre tienen la verdad y por tanto también el derecho de sobrevivir. Nosotros, los "no aptos", estamos condenados, desde que nacemos, a morir, somos los morituri, los que sobramos en este planeta. Somos Homo Sacer, aquellos/as cuyas vidas son insacrificables, pero que cualquiera puede darles muerte. Somos nuda vida, un cuerpo sin existencia política y por tanto sin derechos algunos que nos permitan abogar por nuestra vida.

Desde niños/as se nos deja muy en claro que nuestra vida no se caracterizará por la búsqueda del placer, sino por el sobrevivir, por el competir. Nuestras vidas girarán en torno al homo homini lupus, y la debemos aceptar tal cual. Aceptar además que existe una naturaleza humana, y con ella, una condición innata de violencia, que no puede ser cambiada, sólo controlada.

Pero, como señala Jean Paul Sartre, “la existencia precede a la esencia” (Sartre, 1997:39), no existe una naturaleza humana, porque no existen dioses algunos que la determinen. La naturaleza humana es una de las mayores mentiras mejor elaboradas de nuestra historia. Con ella se mantienen intactas las estructuras jerárquicas de la sociedad.

Y si no existe tal naturaleza humana, tampoco existe esa violencia innata incambiable. Entonces, si no existe naturaleza humana, ni destino, ni dios alguno, eso significaría que cada uno de nosotros, como sujeto y como colectivo, existimos, sólo nos falta encontrarnos a nosotros mismos y con ello, determinar nuestra propia existencia. Tal vez, deberíamos aprendernos la máxima de Max Stirner (1806-1856), “Nada ni nadie sobre mí”, nada ni nadie sobre nosotros.

Pero, además, debemos tener presente que "el capitalismo, por emplear su nombre científico, no es el estado natural de la humanidad. Por el contrario, es un producto del ingenio humano acumulativo, un constructo social y, como tal, quizá el invento colectivo más brillante de toda la historia" (George, 2003:38) Y, a la vez, el accidente más catastrófico de toda nuestra historia.

Si el capitalismo tampoco es natural, y sólo es una construcción social, eso significa que también puede ser destruido. Es posible acabar con esa lógica que impregna a este sistema. No hay tal lucha por la supervivencia, lo que hay es una lucha por la acumulación, aquellos que quieren todo el pastel, que ya no quieren compartir las migajas que quedan. De ahí que la sobrepoblación no es en realidad lo que ha conducido a la destrucción, explotación y el uso irracional de los recursos, sino más bien la lógica de la acumulación la que nos ha llevado a esto.

Según Eudald Carbonell y Robert Sala “la estrategia de acumular alimentos forma parte de un comportamiento animal que perdura en el mundo de los primates humanos; un mundo en el que algunos continúan acumulando poder y riqueza siguiendo pautas etológicas y atávicas, condenando así, como cualquier otro animal, a grupos enteros de nuestra propia especie a la pobreza” (2002:76)

Cabe destacar, además, que los procesos de hominización que marcaron nuestra evolución, permitió la sobrevivencia de aquellos seres que ahora catalogamos como “no aptos”, que sin los avances tecnológicos de la época, no les habría sido posible sobrevivir. El descubrimiento del fuego, por ejemplo, “revolucionó la estructura social de la humanidad por que acentuó la cohesión social del grupo que lo usaba” (Carbonell/Sala, 2002: 119).

De ahí que, la “selección natural” fue contrastada por la “selección técnica”, no en los términos socialdarwinianos, sino que mediante la domesticación de animales y plantas, así como los descubrimientos medicinales, han permitido la sobrevivencia de personas que de lo contrario, no habrían logrado mantenerse con vida. Resulta interesante, por tanto, que en el largo proceso evolutivo, nuestra especie abogaba por la cohesión social, por la defensa y protección sus semejantes. Mientras que actualmente la lógica de nuestra especie no es siquiera un “sálvese quien pueda”, esto en cuanto que la supuesta “competencia” ni siquiera es justa, sino que nos caracterizamos por un “me salvó yo, y tú te vas para el infierno”. Me atrevería a pensar que el homo ha dejado de ser Sapiens, si alguna vez lo fue.

Nos hemos convertido en una sociedad unidimensional en la que “la enajenación de la totalidad absorbe las enajenaciones particulares y convierte los crímenes contra la humanidad en una empresa racional (…) Incluso los cálculos más insensatos son racionales: la aniquilación de cinco millones de hombres (sic) es preferible a la de diez millones, veinte millones y así por el estilo. Es inútil alegar que una civilización que justifica su defensa mediante tales cálculos proclama su propio final” (Marcuse, 1972:82-83)

Ahora bien, me pregunto ¿Quién determina quiénes son los “aptos y quiénes no? ¿Por qué unos saben que son aptos y saben, además, quiénes no lo son? ¿Será acaso posible que una entidad divina apareciera y determinara quiénes eran los elegidos y quiénes estábamos de más en el planeta? Si esto es así, no me queda de otra que imaginar a las deidades como fascistas, como viles genocidas, y en lo mínimo como representantes del amor.

En el mundo mueren 6 millones de niños/as de hambre1, sin ninguna posibilidad de demostrar que eran “más aptos” que otros para sobrevivir. Noto que en dicha “selección natural”, lo que menos impera es una “selección natural” y más una “selección política”. Miles de campesinos se suicidan al año, y no por la pobreza rural o el alcoholismo, como alegan algunos, sino por el simple hecho de que las políticas neoliberales impuestas por los gobiernos, sobre todo en la utilización de semillas transgénicas. De ahí que “al haber pedido préstamos a los prestamistas tradicionales a intereses abusivos, cientos de miles de pequeños granjeros se han tenido que enfrentar a la pérdida de su tierra al fracasar las caras semillas”2. Nuevamente me pregunto ¿Dónde está la selección natural? Yo solo veo la selección política y económica.

A 212 años que Thomas Robert Malthus editara An Essay on the Principles of Population, aún hay personas que creen que la soprepoblación afecta directamente sobre la cantidad de recursos. Sin embargo, lo que no nos dicen es que, por ejemplo “la mayor parte del agua de la Tierra está en los mares, la concentración salina de estos la hace inutilizable para el consumo. Solo el 3% del agua del planeta es dulce y el 99% de esta, está atrapada en los glaciares o en capas profundas de la Tierra, por lo que tenemos acceso solo al 1%. Esta cantidad sería suficiente para sostener al doble o al triple de la actual población mundial, el problema es que no está distribuida uniformemente” (Tablada; Hernández, 2003: 1)

En el caso de los alimentos, se pierde un 20% de la cantidad total producida a nivel mundial, por culpa de microorganismos3. Los alimentos alterados pueden ser más perjudiciales para la salud. Sin embargo, los gobiernos han adoptado políticas neoliberales, dictadas desde los centros metropolitanos, en las que se privilegia el cultivo de transgénicos.

Los neomalthusianos afirman que el problema de la crisis alimentaria se debe a que la sobrepoblación ha presionado la producción de alimentos. Sin embargo, “en este momento hay más alimentos para repartir de los que se necesita en realidad”4. Pero si nos preguntamos el cómo es posible que hayan miles de millones de personas que pasan hambre en el mundo, frente a otros miles de millones de personas que padecen de sobrepeso, lo que nos lleva a contemplar es que el problema no es la sobrepoblación, sino la prácticamente nula distribución y la exorbitante acumulación de los recursos y la riqueza. En otras palabras, el problema es la misma sociedad cristiana y capitalista.

Esta sociedad, apunta Marcuse, “es una unión de contradicciones. Obtiene la libertad a través de la explotación, la riqueza a través del empobrecimiento (…) El más alto desarrollo de las fuerzas productivas coincide con el más alto grado de opresión y de miseria” (citado por Pachón, 2008:18). Justifica, además, la sobrevivencia de unos (los pocos) mediante el aniquilamiento de otros (los muchos).

Este es un sistema social que nos dice que “la única forma de garantizar el máximo bienestar para el mayor número posible de personas, al mismo tiempo que se preserva el capitalismo, es reducir el número de personas” (George, 2003:95). Pero los/as que morirán nunca seremos nosotros/as, siempre serán los/as otros/as, somos una sociedad disociada, incapaces de concebir que los/as otros/as somos nosotros/as mismos/as.

La “bellum omnium contra omnes” no es parte de una supuesta naturaleza humana. No es en realidad una lucha a muerte de todos contra todos, como lo planteaba Hobbes, sino un constructo social que justifica/normaliza/naturaliza el asesinato sistemático de grandes cantidades de persona, en beneficio de unas pocas, que pretenden sostener un sistema estructuralmente insostenible, en un mundo que colapso por culpa de ese sistema que pretenden sostener.

Cuán acertado estaba Albert Jacquard, cuando en 1987 escribió: “la respuesta a la pregunta ¿cuántos seres humanos puede soportar la Tierra? Depende del tipo de seres humanos de que se trate. Si son campesinos de Mali o de Bangladesh, quince, veinte o treinta mil millones podrían subsistir sin demasiadas dificultades. Si son parisinos medios que todos los días emplean el coche y pasan sus vacaciones en un club en las Seychelles, los cinco mil millones (actualmente más de 6.700 millones, BGH) de hoy son ya insostenibles: agotarían los recursos del planeta, o lo contaminarían, lo harían definitivamente nada hospitalario para cualquier forma de vida evolucionada. La capacidad de carga de la Tierra no es un dato que ofrezca la naturaleza: depende de nuestro comportamiento. Por ello, el mañana depende de nosotros. No basta con gestionar nuestro efectivo: hay que tomar en serio la palabra igualdad” (citado por Taibo, 2009: 115-116).

Referencias.

Agamben, G. (2003) Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida. Trad. Cuspinera, A. Valencia: Pre-Textos.

Amery, C. (2002) Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI? Hitler como precursor. Trad. García, C. México, D.F.: Turner-Fondo de Cultura Económica.

Bauman, Z.(2007) Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores. Trad. Santos, A. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

Bookchin, M. (1999). La ecología de la libertad. La emergencia y disolución de las jerarquías. Trad. Burello, M. Málaga: Nossa y Jara Editores.

Carbonell, E; Sala, R. (2002). Aún no somos humanos. Propuestas de humanización para el tercer milenio. Trad. Culí, R. Barcelona: Ediciones Península.

George, S. (2003) Informe Lugano: cómo preservar el capitalismo en el siglo XXI. 9ª ed. Trad. Wang, B. Barcelona: Intermón-Icaria Editorial.

Marcuse, H. (1972) El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. 9ª ed. Trad. Elorza, A. Barcelona: Editorial Seix Barral.

Pachón, D. (2008) La civilización unidimensional. Actualidad del pensamiento de Herbert Marcuse. Bogotá: Ediciones desde abajo.

Sartre, J. (1997) El existencialismo es un humanismo. Trad. Calvo, H. San José: Editorial Guayacán Centroamericana.
Tablada, C; Hernández, G. (2003) Petróleo, poder y civilización. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Taibo, C. (2009). En defensa del decrecimiento. Sobre capitalismo, crisis y barbarie. Madrid: Los libros de la catarata.
1http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2005004647
2http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=10881
3http://milksci.unizar.es/adit/conser.html
4http://www.dw-world.de/dw/article/0,,4792344,00.html

jueves, agosto 18, 2011

"Vamos a quemar la conferencia episcopal"


¿Desde cuando la iglesia católica teme al fuego? ¡Ah!, claro, desde que dejaron de ser ellos los que quemaban... Desde que perdió el monopolio de la hoguera, esta institución no hace más que quejarse y victimizarse por cualquier crítica que se les haga. Y cómo no van a quejarse, si antes no tenían que escuchar crítica alguna, bastaba con rostizarla o torturarla para “enderezar” así a las desviadas gentes que habían perdido el rumbo y se habían alejado de los caminos acríticos “del señor”.

La iglesia está indignada, gentes “inescrupulosas” compraron una réplica barata de la piedra y le colocaron harapos de papel. Una verdadera atrocidad si tenemos en cuenta que es una piedra a la que se viste con finos encajes y vestidos de oro, todo hecho a la medida. Semejante atropello a la piedra es imperdonable, fue como vestirla con ropa americana, y eso es lo peor que le pueden hacer a una piedra tan exclusiva como esa. Pero la iglesia se desquitará, no perdonará semejante insulto. No se extrañen que el próximo año el agua bendita contenga más materia fecal que de costumbre.

Pero no veo la indignación de la iglesia por el millonario viaje del capo-dictador del vaticano al Reino Unido. Eso no les parece atroz, más bien les resulta algo justo y necesario. Las gentes hambrientas del mundo pueden esperar unos días más su ración de comida, pero el papa no puede esperar para propagar sus sandeces. ¡No! El sistema capitalista requiere de sus servicios, necesita con urgencia que se les llene la cabeza a la gente de vidas transmundanas, mejores que ésta, para que nadie proteste y deseen, abiertamente, su propia muerte.

La iglesia “del pueblo” se olvida que éste tiene hambre y derechos. Se olvida que las mujeres no necesitan pudor ni recato, sino respeto. Ellas no necesitan que un necio cargado con complejos ocultos bajo una sotana venga a medirles el largo de la enagua o que les diga con quién o quiénes, cómo, cuándo y dónde disfrutar de su sexualidad plenamente. No necesitan ellas que se les petrifique para así poder exigir derechos y respeto.

Lo peor de lo esgrimido por esta institución es el autoproclamarse “experta en humanidad”, pero basta ver su “currículum” para notar su amplia experiencia, veamos unos pocos ejemplos:
  • Responsables de uno de los peores epistemicidios de la historia, así como el peor genocidio registrado en estas tierras: la conquista de América.
  • Sus vínculos con el III Reich, y sus silencios cómplices respecto al genocidio de la Segunda Guerra Mundial. En este punto vale recordar la beatificación de Eugenio Pacelli, mejor conocido como el papa nazi (o más bien el primer papa nazi, pues el actual no se le queda atrás). El apoyo incondicional del obispo alemán Ludwig Müller a Adolf Hitler, y sus exhortaciones al pueblo alemán para que apoyara la causa nazi, pues fue un orden dictado por la mismísima idea cínica divinizada -esa que llaman dios-, al propio Hitler. No está de más recordar las fotografías de sacerdotes haciendo el saludo nazi.
  • Su cercanía a las dictaduras de seguridad nacional latinoamericanas y su declaratoria de guerra a lo poco rescatable del cristianismo: la teología de la liberación, que criticó y enfrentó a esas dictaduras asesinas, aliadas siempre de la “santa sede”. Sería bueno que como argumento para la beatificación de Wojtyla, se diga que él, con su silencio y su cercanía a estos regímenes “milagrosamente” ayudó a la desaparición de miles de personas en toda América Latina. Las juntas militares latinoamericanas, son testigos de semejantes milagros, y se lo agradecen.

No podemos, por tanto, dudar de la “experiencia en humanidad” de la iglesia católica, pues todas sus referencias son de verdaderos expertos en determinar que es lo humano y que no: Adolf Hitler, Augusto Pinochet, Francisco Franco, entre otros, son quienes mejor nos retratan el por qué la iglesia es la primera en respetar los derechos humanos de quienes así sean catalogados. Para todas/os las/as demás existe el Malleus Maleficarum.

Sus llamados a catalogar las consignas y el performance de la marcha como herejía, no son más que la muestra de una mentalidad medieval que irrumpe con violencia en este periodo del patriarcado tardío, con el claro propósito de revitalizarlo. Recordemos, como advertencia, que la mentalidad medieval nos llevó a la hoguera. Y las palabras de Francisco Ulloa sólo evidencian los berrinches de una institución que exige que se le retribuya el monopolio sobre los cerillos, y con ellos su autoridad sobre nuestros cuerpos y nuestras mentes.

La inquisición se mantiene viva mientras persistan mentalidades medievales como los de la iglesia católica. Al hablar de herejía, la iglesia católica no hace más que incitar al odio y a la “quema” de todas aquellas gentes que no se adecuen a la “voluntad divina”... la ambición de los sacerdotes.

Las nociones no son inocentes, catalogar a alguien como hereje no la hará ganadora de una canasta de víveres ni de un pase especial al parque de diversiones... ¿Qué ocurría luego de que alguien era acusado/a de herejía? Ahí les dejo la pregunta...

La consigna “Vamos a quemar la conferencia episcopal, por machista y patriarcal”, no es una incitación a la violencia o al crimen, como lo pretende hacer ver los ensotanados. Es, por el contrario, el grito contestatario, que tuvo que esperar cientos de años, de todas aquellas mujeres que fueron víctimas del femicidio cometido por estos mismos que les exigen pudor y recato. Es el grito de las principales víctimas del patriarcado que llegó al punto de condenarlas a la hoguera, por ser mujeres que no se adecuaron a la visión patriarcal de lo femenino.

Lo importante es que el mensaje de la consigna fue muy claro, pues nadie quemó la conferencia episcopal, pero sí vimos arder al machismo y la misogina católica, por eso los sacerdotes echaban fuego por la boca, por eso lanzaron incendiarias sentencias de herejía, ardió tanto su misoginia que tuvieron que solicitar a gritos el retorno de las hogueras.

Respecto al performance que se realizó en la marcha, pues mi aplauso a la actriz y al actor, fueron quienes mejor representaron la violencia del machismo católico. La iglesia se indigna y afirma que dicha actuación atenta contra la moral pública (de un pueblo mojigato). Pero nada más indignante y una verdadera afrenta a la moral pública que la jerarquía de la iglesia católica encubra a acosadores y violadores. ¿Por qué no se pronuncia al respecto la conferencia episcopal? ¿Por qué si se habla de procesos judiciales contra 2 artistas y no contra pedófilos y quienes les encubren? ¿Y los actos de corrupción financiera perpetrados por la conferencia episcopal no atentan contra la moral pública?

Los gritos de alarma, las vestiduras rasgadas, las acusaciones de herejía, las susceptibilidades a flor de piel por la marcha de las putas solo evidencian que somos una sociedad analfabeta sexual y emotiva... quizás por eso se adora tan ciegamente a una simple piedra, que no hace nada, ni siquiera cosquillas, ni aunque le pongan baterías...

Permítanme, para finalizar, recitar otra consigna que a la conferencia episcopal también indigna y le hierve la sangre: ¡Estado Laico Ya!

domingo, agosto 14, 2011

En Costa Rica "Construimos un país seguro"

- Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso-- quiere decir lo que yo quiero que diga... ni más ni menos.
- La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
- La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda... eso es todo.

Lewis Carroll.

Costa Rica, el país de las maravillas, ha decidido resguardar su felicidad a toda costa y por todos los medios necesarios y/o excepcionales. “Construimos un país seguro” es el lema que aparece impreso en toda la documentación oficial del Poder Ejecutivo costarricense. De entrada esta frase nos parecería irrisoria, una tontería más de la nada culta y retrógrada oligarquía nacional.

¿Quién no se apresuró a hacer mofa de la frase, aseverando que los delincuentes desestimarán cometer sus fechorías al leerla?

Quizás una frase como esta, con una fuerte esencia autoritaria, no diga nada, pues “no responde a ninguna ideología, porque no lo rige ninguna idea, sino que es justamente todo lo contrario: es el vacío del pensamiento1. O quizás lo dice todo, pues ninguna noción es inocente.

La inocencia de la noción utilizada no está tan determinada por sus significados, sino por las intenciones de quienes la emiten. Ya lo evidenciaba Lewis Carroll en el diálogo entre Alicia y Humpty Dumpty, sobre la importancia de quién es el enunciante. Así también lo explicaba Carl Schmitt, el ius-filósofo nazi, a quien utilizaremos para comprender a los fascistas nacionales que asaltaron el poder: “el dueño del auténtico poder también está en situación de establecer por sí mismo la definición de los conceptos y los términos. Caesar dominus et supra grammaticam: el emperador también reina sobre la gramática2”.

En este caso, la noción de seguridad es la que presenta un sentido polémico, pues su lógica inmunitaria evidencia una formulación con vistas a un antagonismo concreto, es decir, está vinculada “a una situación concreta cuya consecuencia última es una agrupación según amigos y enemigos3”. Para comprender esta noción y otras de este tipo, es necesario saber a quién o quiénes “en concreto se trata en cada caso de afectar, de combatir, negar y refutar con tales términos4”.

Al presentarse como una distinción política específica entre amigo y enemigo, se tiende a la consolidación de una unidad política que no acepta disidencia alguna, por lo que cualquier protesta contra la estructura normativa de la sociedad o contra las políticas gubernamentales es visto como una muestra de enemistad y por tanto una amenaza social que debe ser combatida por todos los medios. Todos nos convertimos en personas potencialmente peligrosas y, por tanto, en objeto de vigilancia. Nuestra latente peligrosidad obliga a tomar medidas drásticas, excepcionales, para mantener el orden establecido, aunque eso implique suspender al mismo orden que se dice proteger. De ahí que “la supresión de derechos, encaminada no a la reparación del daño en un sentido amplio, sino al combate de una fuente de peligro, es lucha y -con ello- guerra5”.

En otras palabras la frase “construimos un país seguro” nos remite a la máxima protego ergo obligo, es decir que al presentarse como protectores contra las amenazas presentadas como inminentes, se arrogan el dominio de lo político, y con ello la capacidad de determinar quién es el enemigo, sobre la base del nexo indisoluble entre protección y obediencia.

De lo anterior, se llega a la conclusión que esta frase no fue ideada para combatir la delincuencia, ni su público meta son los delincuentes. Más bien está dirigida hacia una población en general a la que se le amenaza de que cualquier oposición a lo establecido se le combatirá por todos los medios que el Ejecutivo considere necesarios para mantener su dominio. En otras palabras, en su proceso de construcción y consolidación de una unidad política total, en el que se distinguirá entre amigos y enemigos, la frase no es otra cosa que una declaratoria de guerra.

Ahora bien, cabe preguntarnos ¿cómo piensan construir un país seguro? Pues muy sencillo, consolidando un Estado Policiaco-Militar que no sólo garantice el máximo de obediencia, sino también que permita reprimir indiscriminadamente cualquier disidencia.

Frente al hundimiento de la economía mundial, la administración Chinchilla hace uso del terrorismo de Estado para imponer su agenda, como lo evidencian las declaraciones del grupo económico del gobierno, tras su reunión con los representantes del Banco Central de Costa Rica para analizar la actual situación internacional. El vicepresidente Libermann sostuvo qué “A diferencia de 2008, hoy tenemos menos herramientas para mitigar los efectos de una crisis. Ante la situación fiscal actual, ampliar los gastos sería mucho más difícil, sino imposible”, concluyendo qué: “Sin reforma fiscal, los grados de maniobra son casi nulos”.

Pero sus palabras son, en realidad, las del Fondo Monetario Internacional (FMI), como lo evidencian las declaraciones de su director para el Hemisferio Occidental, Nicolás Eyzaguirre, en la X Conferencia Regional Anual del FMI, quien afirmó que Centroamérica está “menos preparada” para hacer frente al colapso de la economía mundial y, por tanto, debe fortalecer sus defensas fiscales, lo que “significa tener espacio para gastar en la eventualidad que haya una crisis”

Sin embargo, frente al miedo por un posible desplome económico por nuestro deficitario sistema fiscal, la administración Chinchilla, logra que se apruebe en un primer debate en el Congreso, que a las sociedades anónimas se les cobre un impuesto de ¢158.000 (aproximadamente $315), con el objeto de recaudar unos ¢37.000 millones anuales ($75 millones, aproximadamente) que se destinarán a la “Seguridad Ciudadana”. Impuesto que recuerda más bien al “impuesto para la defensa nacional”, por el que abogó la misma Chinchilla en lo más álgido del conflicto con Nicaragua, argumentando que el país requería “proteger” su territorio.

Pero se hace necesario contextualizar dicha suma para comprender su significado en la consolidación del Estado Policiaco-Militar. Lo recaudado anualmente por este impuesto debe sumarse a lo ya presupuestado anualmente para el ministerio de Seguridad6, que para el 2011 tiene asignado ¢157,874,000,000 (unos $320 millones), que destina la mayor parte de su presupuesto al rubro de “Seguridad Ciudadana”, ¢123,125,322,000 ($245 millones, aproximadamente). A dicho monto también se le deben agregar los $132 millones (aproximadamente unos ¢67,000 millones), como préstamo del BID destinado a seguridad, que el gobierno está solicitando su aprobación al Congreso. La suma de dinero que se destinará para el Ministerio de Seguridad irá aumentando según lo presupuestado cada año, mientras tanto, vivimos un abierto proceso desmantelamiento de las Universidades Públicas, a las que se les recorta su presupuesto, bajo la excusa de que no hay recursos para su sostenimiento.

Pero no podemos quedarnos allí, pues no son los únicos gastos en los que incurre el Estado en materia de seguridad. Debemos sumar, además, los dineros presupuestados para el Ministerio de la Presidencia en materia de seguridad: La Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS), nuestra policía política; y la Unidad Especial de Intervención (UEI), nuestras tropas especiales, entrenadas por el Comando Sur de EEUU en la Escuela de las Américas.

El Ministerio de la Presidencia tiene presupuestado para el 2011, ¢8,702,000,000 ($18 millones, aproximadamente), de los cuales el 45.51% se destina a seguridad: para la DIS el 31.76%, es decir¢2,763,704,000 ($6 millones, aproximadamente). Y el 13.75% restante a la UEI, ¢1,196,776,000 ($3 millones, aproximados).

El 54.49% restante de lo presupuestado para el Ministerio de la Presidencia es designado al rubro “Administración Superior”, que destina el 48.94%, es decir ¢ 2,320,169,000 (aproximadamente $5 millones) al Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD), entidad encargada de la guerra contra las drogas. Lo que nos muestra que el 94.45% de lo presupuestado para el Ministerio de la Presidencia se destina también al campo de la seguridad.

También debemos sumar lo destinado al Organismo de Investigación Judicial (OIJ) que para el 2011 tiene presupuestado la suma de ¢59,839,228,000 (unos $120 millones), es decir el 22.40% destinado al Ministerio de Justicia. Esto en cuanto a la siempre disposición del OIJ para reprimir violentamente, sobre todo si son estudiantes universitarios.

Tampoco podemos olvidar los dineros enviados vía cooperación internacional para el mismo rubro de la seguridad. Por ejemplo lo destinado para Centroamérica de la Iniciativa Mérida ($65 millones para cada nación centroamericana), así como lo destinado vía Iniciativa Regional de Seguridad para América Central (CARSI, por sus siglas en inglés), una extensión de la Inciativa Mérida, que inicialmente tenía presupuestado $165 millones, separados de lo destinado a la Iniciativa Mérida, para Centroamérica y su guerra contra el narcotráfico.

No podemos olvidar, al tener presente estas cifras, que estamos en un abierto proceso de militarización y de constitución de un violento Estado Policial, que se ha llegado al punto de que se den procesos de tortura y ejecuciones extrajudiciales o ajusticiamientos en nuestras cárceles; la reactivación de grupos paramilitares como “Costa Rica Libre”; ocupación militar; participación en ejercicios militares conjuntos, algunos realizados en el país. Además de un abierto y descarado saqueo de las instituciones estatales como la Caja Costarricense del Seguro Social, así como la gran cantidad de manifestaciones sociales, que reclaman sus derechos. Todo esto en contubernio con la iglesia católica costarricense, hartamente desprestigiada por sus abiertos atropellos a los Derechos Humanos y corrupción. Y por guardar silencio, la iglesia fue recompensada por el gobierno, con un nuevo concordato.

Ante este contexto, esta exorbitante suma de dinero para “seguridad”, en manos de una oligarquía entreguista, inculta y retrógrada, con abiertas intenciones militaristas y siempre anuente a aceptar cualquier invitación del Ejército de EEUU a invadir el territorio nacional, sólo evidencian que el país sí se está preparando para hacer frente al colapso mundial, específicamente a uno de sus aspectos más atroces, la guerra civil-social, que conlleva a la persecución, criminalización, violación flagrante de Derechos Humanos mediante tortura, y la eliminación sistemática de cualquier disidencia. Cabe recordar que la enemistad es la esencia de la guerra, y el Estado, por su condición de unidad política, le es atribuido inherentemente, el ius belli, es decir, “la posibilidad real de, llegado el caso, determinar por propia decisión quién es el enemigo y combatirlo7”. En otras palabras, el ius belli implica la capacidad de disposición, es decir, “la doble posibilidad de requerir por una parte de los miembros del propio pueblo la disponibilidad para matar y ser muertos, y por la otra de matar a las personas que se encuentran del lado del enemigo8

No olvidemos que esta administración ya declaró quienes son realmente sus enemigos: “los grupos radicales” que se opongan al saqueo del país, sentando así las bases de una declaratoria de guerra civil-social y la disposición de matar/morir de cada una de las personas que conforman esta nación.

A lo anterior debemos sumar las palabras del sátrapa nacional, Óscar Arias, quien afirmó que “Gobernar es educar, no complacer”. Dicha frase no sólo evidencia su despotismo y menosprecio por todo lo “democrático”, sino que además hacen gala de una lógica del poder disciplinario presente en las peores dictaduras de seguridad latinoamericanas. Son pues, una invitación a la totalización del Estado y por ende, la represión de cualquier disidencia.

La frase “Construimos un país seguro”, no es más que el envío de un mensaje en el que “se refuerza como prejuicio la convicción de que un mundo que se desordena se puede ordenar con disciplina impuesta con represión indiscriminada9.

Consolidando un Estado Policiaco-Militar, el gobierno se prepara para hacer frente a las consecuencias inmediatas del colapso mundial: la protesta social que aboga por alternativas.

________
1Ver Zaffaroni, E. (2006) El Enemigo en el Derecho penal. Buenos Aires: Ediar. p. 78
2Ver Schmitt, C. (1932). El imperialismo moderno en el derecho internacional público. En Orestes, H. (2004). Carl Schmitt, teólogo de la política. México DF.: FCE. p. 112.
3Schmitt, C. (2009) El concepto de lo político. Trad. Agapito, R. Madrid: Alianza Editorial. p. 60.
4Schmitt, C. (2009). Op. Cit. p. 61.
5Jakobs, G; Polaino-Orts, M. (2009). Terrorismo y Estado de Derecho. Colombia: Universidad Externado de Colombia. p. 42.
6Todas las cifras son tomadas del presupuesto nacional 2011, que puede ser consultado desde el sitio de la Asamblea Legislativa: www.asamblea.og.cr
7Schmitt, C. (2009). Op. Cit. p.74.
8Schmitt, C. (2009). Op. Cit. p. 75.
9Zaffaroni, E. (2006). Op. Cit. p. 74.

jueves, junio 23, 2011

La guerra como deporte


Si quieres tener una idea de lo que será el futuro, imagina una bota que aplasta un rostro humano... perpetuamente”.




George Orwell




En Costa Rica el cinismo vulgar del gobierno parece no tener límites. Primero hacen gala de su colonialismo mental y del nivel de entreguismo y adscripción a la política exterior estadounidense cuando para combatir, supuestamente, al crimen nos recetan “soldados en las calles”. Luego, para hacer frente a la “inminente invasión” nicaragüense nos recomendaron -previa intensa campaña nacionalista xenofóbica promilitarista- la constitución de una “Policía de Fronteras”, algo que parecería un ejército, actuaría como ejército, se equiparía como ejército, se entrenaría como ejército, pero que no sería un ejército. Ahora nos dicen que los ejercicios militares en los que participa Costa Rica son unas “olimpiadas deportivas” y no “militares”, como lo evidenció el reportaje del 17 de junio de 2011 del diario “La Teja”.

Pero si estos ejercicios son juegos olímpicos ¿Por qué son organizados por el Comando Sur de los EEUU y no por el Comité Olímpico Internacional?

Quizás la pregunta resulte ingenua, y su respuesta evidente: los juegos olímpicos antiguos implicaban la suspensión temporal de la guerra para que se realizaran, en paz, las diversas gestas deportivas. A esto se le llamó la paz olímpica. Y los juegos olímpicos modernos, también pretendían una suerte de entendimiento internacional. Muy lejos de la noción de “juegos olímpicos” nos encontramos los “ejercicios militares” que podrían definirse como el entrenamiento, prueba de estrategias y maniobras militares que serán puestas en práctica en combate real. Por tanto, mientras los juegos olímpicos pretendían una suerte de paz, los ejercicios militares son preparaciones para la guerra.

Las “Fuerzas Comando 2011” son una serie de ejercicios militares que tienen por objetivo promover las relaciones militares-a-militares, una mayor interoperabilidad y la mejora de la seguridad regional”. Estos objetivos distan mucho de lo que pretendería una práctica deportiva. Las relaciones “mil-mil”, como lo evidencia un artículo de The Economist sobre las relaciones militares entre EEUU y Egipto, lo que pretenden es que las fuerzas armadas adopten el “american way of war” y la “filosofía estadounidense sobre las relaciones cívico-militares”. No es de extrañar que si los ejércitos tienen “enemigos en común”, estos se intercambien información, tácticas, estrategias y posters con frases motivantes como “Hang in there baby!” -que no me extrañaría hayan sido mensajes motivacionales enviados a las dictaduras militares latinoamericanas durante la guerra fría-.

La interoperabilidad es lo más “deportivo” de estos ejercicios militares, pues sí se tiene “un enemigo en común” no es de extrañar que los “atletas” trabajen en equipo. La interoperabilidad es ya una máxima militar, en cuanto los ejércitos deben tener la capacidad para actuar conjuntamente con otros ejércitos que les permita operar internacionalmente.

Respecto a la seguridad regional, no es de extrañar la preocupación por este tema tanto del gobierno y de militares estadounidenses así como de sus gobiernos aliados, como lo evidencia el interés del gobierno de Costa Rica por la constitución de un nuevo mecanismo regional de defensa, propuesta planteada por el canciller René Castro, curiosamente, en El Salvador, país anfitrión de las “Fuerzas Comando 2011”, días previos a la inauguración de estos ejercicios militares. Lo anterior nos evidencia el grado de compromiso que tiene Costa Rica con la política exterior y militar estadounidense.

Cabe destacar que la inseguridad regional ha sido promovida por los mismos EEUU que han sido los principales proveedores de armas a los narcotraficantes. En este punto es importante señalar que la guerra contra las drogas -variante latinoamericana de la guerra contra el terrorismo-, es una guerra declarada para no ser ganada. Esta guerra no pretende acabar con el flagelo del narcotráfico, pues de lo contrario no se estaría armando a los narcos y a la vez realizando entrenamientos militares conjuntos con los ejércitos. La guerra contra las drogas es, sin lugar a dudas, una “guerra civil-social americana” declarada contra las poblaciones en general, que criminaliza las protestas y las reivindicaciones sociales, que garantiza la libre explotación de recursos estratégicos por parte de las empresas estadounidenses. Ante el hundimiento del poderío estadounidense, esta potencia en decadencia tiende a enclaustrarse en el continente americano, y vigilar recelosamente los recursos estratégicos continentales se convierte en uno de sus objetivos primordiales.

“Fuerzas Comando” no es el único ejercicio militar que coordina el Comando Sur, sin embargo, resulta preocupante que estos ejercicios se realicen con las mejores 19 unidades de operaciones especiales de América Latina, que posee más de 30 países, y que Costa Rica se encuentre en la posición número 15. Cabe destacar que “Fuerzas Comando” no es el único ejercicio militar en el que ha participado Costa Rica, incluso ha sido sede de uno de esos ejercicios militares.

La representación costarricense recae en la Unidad Especial de Intervención, que de acuerdo con el decreto presidencial Nº 32523-MP referente al reglamento de organización y funcionamiento de este órgano, en su artículo 1 se estipula que este es “un cuerpo policial especializado en operaciones de alto riesgo contra actividades de terrorismo y narcotráfico” al servicio de la Presidencia de la República y del Ministerio de la Presidencia (Artículo 2) y cuyo objetivo principal es “la protección de la vida de las personas o de los bienes estratégicos o de alto valor nacional” , que se encuentra estipulado en el Capítulo IV de sus atribuciones, de las que resaltan diferentes incisos del artículo 17: a) Proteger a los miembros de los supremos poderes y dignatarios (…) Además, protegerá a los dignatarios que visiten el país, esto en coordinación con otros cuerpos policiales que intervengan; y únicamente durante el tiempo que resulte estrictamente necesario, a fin de preservar su poder de respuesta ante otras situaciones que pudieran presentarse. c) Intervendrá en operativos de alto riesgo derivados del terrorismo, del narcotráfico y en aquellas situaciones de evidente o sumo peligro para la vida de las personas o para proteger los bienes estratégicos o de alto valor nacional, de conformidad con las normas legales y operacionales que la necesidad justifique (énfasis BGH).

Lo anterior, la necesidad como justificación, recuerda a aquella máxima latina “necessitas legem non habet”, la necesidad no conoce ley, que, según Giorgio Agamben en su libro Estado de Excepción, es parte de la teoría de la excepción (dispensatio), “en virtud de la cual un caso singular es sustraído a la obligación de observar la ley” (2004:61, énfasis BGH).

Ahora bien, esta unidad está a cargo del “Zar contra las drogas”, Mauricio Boraschi, el mismo que proponía poblar nuestras calles de militares, y tiene presupuestado para este 2011 unos $2.400.000, aproximadamente, el 13.75% del presupuesto destinado al Ministerio de la Presidencia. Cifra que no se compara con lo presupuestado para la “gestión y desarrollo cultural” del país, al que se le destina unos $1.900.000, aproximadamente, el 3.11% del Ministerio de Cultura; o lo presupuestado para el Tribunal Ambiental Administrativo, al que se le destinarán, según el Presupuesto Nacional 2011, aproximadamente $1.700.000, es decir el 2.06% de lo presupuestado para el Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones.

Para concluir cabe preguntarse: ¿Qué resulta más alarmante, saber que Costa Rica está participando en los ejercicios militares “Fuerzas Comando 2011” o darse cuenta que no es la primera vez que Costa Rica participa en estos ejercicios desde que comenzaron en 2004? Para muestra, basta un clic: “FC. El Salvador 2004”; “FC. Chile 2005”; “FC. Paraguay 2006”; “FC. Honduras 2007”; “FC. Texas 2008”; “FC. Brasil 2009”; “FC. República Dominicana 2010”; “FC. El Salvador 2011”.

En fin, como para el gobierno militarista de Laura Chinchilla la “guerra es un deporte” no es de extrañar que el gobierno proponga “repensar nuestra tradición pacifista” que tal parece atenta también contra la nueva competición “deportiva” propuesta por la misma Chinchilla: “caza indiscriminada de grupos radicales”. Tal parece que la sentencia de Orwell sobre el futuro, es cada vez más real...

lunes, diciembre 06, 2010

Blanca y pura descansa la paz... ¡En paz!

Al celebrarse los 62 años de la abolición del ejército en Costa Rica, actividad a la cual no recuerdo se le hiciera tanta alharaca en años anteriores, en medio de un circo belicista, sentí que desperté en la dimensión desconocida en la que todo era al revés o era un simple simulacro.

Este se volvió un país del simulacro, “donde los habitantes se dedican a celebrar ritos y a manipular objetos y palabras sagradas, cuyo sentido y cuyo fin sin embargo han olvidado”, nos diría Giorgio Agamben. Y eso es lo ha sucedido con la democracia, la soberanía y la paz. Se han convertido en ritos y palabras sagradas sin contenido como resultado del olvido de sus sentidos y sus fines.

Primero, pienso que la palabra “democracia”, debemos escribirla ahora tachando donde dice “demo”, para que nos quede lo que realmente tenemos, “democracia”: un demos (pueblo) sin krátos (poder), un krátos (poder) sin demos (pueblo).

Tenemos una democracia que no acepta la disidencia. En la que unos hermanos sin derecho alguno se presentan como los dueños del país e imponen presidentes, fiscales, diputados/as, magistrados/as, defensores/as de los/as habitantes, contralores/as y demás, como si cambiaran de calzoncillos.
¿Cómo se pretende hablar de democracia cuando “lo democrático” es utilizado como un mecanismo de legitimación de lo represivo?

Por eso fuimos a referendo por el TLC y por eso casi caemos en el referendo del odio. Por eso también tenemos a esta señora de presidente.

¿Cómo no hablar del analfabetismo político de los/as costarricenses en este simulacro de democracia, cuando en tiempos de elecciones no se hizo mención alguna a la política exterior de los/as candidatos/as a la presidencia?

Pienso que desde esas fechas habríamos comprendido que quienes actualmente están en el gobierno nada saben de la Política Internacional, y por eso han hecho un pésimo papel.

Hablemos ahora de soberanía ya que ahora todos/as se rasgan las vestiduras en su nombre y su supuesta defensa. Nos tocaron un antes insignificante suampo y aquél caluroso “Pura Vida” -siempre acogido con cariño por los extranjeros- se convirtió con gritos de guerra en “Pura Muerte”.

Pero, ¿dónde están las vestiduras rasgadas por la pérdida de nuestra soberanía alimentaria? ¿Dónde están los gritos nacionalistas que abogan enfrentar el cercenamiento de nuestra soberanía por parte del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional? ¿Dónde están aquellas personas que se armarán para ir a defender al territorio nacional de una verdadera invasión militar de nuestro vecino del Norte, EEUU, y no de una ridícula escaramuza -la diferencia es enorme- de Nicaragua?

Hablan, gritan y ladran odiosamente la palabra “soberanía” porque nos pisaron un antes insignificante suampo, pero no se dice nada de la privatización de nuestras playas, cedidas a extranjeros.

¿Por qué no gritan soberanía por la privatización de nuestras carreteras, puertos y aeropuertos, que curiosamente son infraestructuras vitales y estratégicas, y que deberían estar siendo administradas celosamente por el Estado?

¿Por qué ahora la soberanía sí importa y no en tiempos del TLC? ¿Por qué la defensa de la Nación es la nueva convicción de los políticos y no cuando privatizan la educación, el seguro social, las comunicaciones y demás servicios e instituciones nacionales?

En realidad, me pregunto, ¿cuál soberanía se está defendiendo, si las colonias no tienen soberanía?

Viene a mi mente la cuestión con la paz.

Maldecimos a Nicaragua por su ataque a la naturaleza, pero no vemos que la “paz con la naturaleza” es una declaratoria de guerra sin cuartel que pretende, precisamente, que la naturaleza descanse en paz.

Vivimos en un país de paz en el que la presidente le declara una guerra a quienes se opongan a la destrucción del ambiente. Un país de paz en el que el gobierno hace público sus sueños mojados de ver militares en nuestras calles.

Un país que se dice pacifista y defensor de los derechos humanos pero que celebra la muerte de una persona a causa del ataque de perros.

Nos decimos pacifistas y le declaramos la guerra a Irak, país con el que no teníamos ningún “pedo existencial”.

Nos jactamos de que “bajo el límpido azul de tu -el nuestro- cielo, blanca y pura descansa la paz”, mientras nuestros cielos son sobrevolados por helicópteros militares, y un viejo avión de guerra.

Al ver este último, recuerdo los temibles “vuelos de la muerte”, que realizaba la dictadura militar argentina del “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983), en los que se arrojaban la personas vivas anestesiadas al mar.

¿Pero qué paz es esta que defendemos a través de la guerra?

Sin lugar a dudas es la paz orwelliana, que es guerra. Es la paz de los predicadores de la muerte, que gritan “si vis pacem para bellum”.

La paz de los cementerios, que se plasma en los epitafios, Requiescat in pacem.

Es la pax americana, esa paz que se recordará en la historia con la escena de Barack Obama leyendo su discurso de aceptación del premio Nobel, mientras enviaba más militares a sus guerras carniceras.
Imagen que revivimos al celebrar los 62 años de la abolición del ejército, enviando más tropas de la heredera del monopolio de la violencia, a lo que ha sido presentado como un campo de batalla.

Y la paz es suspendida con la excusa de que será protegida. He aquí un punto interesante: argumentamos que Nicaragua está amenazando nuestra paz, la cual hemos decidido suspender, y declararnos en estado de guerra para defenderla.
A fin de cuentas ambas son afrentas a la paz.

Nos burlamos de Ortega porque usó Google Maps, pero ¿dónde están las risas cuando una presidente es declarada la “hija predilecta de la virgen de los ángeles” -como llaman a esa figura mítico-totémica-?. ¿Quién meditó sobre la posibilidad de que esa simple piedra asumiera el cargo de vicepresidente? ¿Por qué no nos burlamos de las puertas mágicas que quitan los pecados de quienes crucen a través de ellas?

En este sentido, resulta extraño que nos burlemos de alguien porque usó una herramienta virtual de la era de la información, mientras nosotros conservamos una mentalidad medieval en pleno siglo XXI.

Celebramos 62 años de la abolición del ejército con un enérgico entusiasmo por el restablecimiento del mismo.

La Chinchilla, empoderada, ya sabe para qué fue puesta como presidente, y no precisamente para posar en la revista Perfil. Los señores de la guerra, han dado ya su beneplácito.

El figuerismo que nos invita a que nos dejemos de “mamaditas”; el morismo que ingenuamente se presenta como la “izquierda legítima” y que no quiere que los “nicas” los vean como “los pendejos y los maricones”; la vieja guardia de liberación, los calderonistas, Monge, en un claro apego a la lógica de la guerra contra el terrorismo, no muy digno de una persona que durante su mandato abogó por la supuesta neutralidad del país, se deja decir que“se está con los invasores o se está contra ellos”.

En fin todos movilizados han dicho SÍ a la guerra. Costa Rica está sedienta de sangre.

No importa que seamos la excepción en la tendencia latinoamericana en reducción a la pobreza. No importa que hayan 700 personas damnificadas por las lluvias en zona norte y litoral Caribe. No importa que los documentos revelados por Wikileaks, los referentes a Costa Rica traten sobre política interna costarricense y que el Legislativo haya aprobado una reforma al Código Penal para sancionar delitos informáticos, en los que curiosamente, frente a esta wikileaksmania, destaque el espionaje y la intervención de la comunicaciones.

Ya no importan las corruptas concesiones. Ni los problemas judiciales de algunos/as candidatos/as a las alcaldías.

Ya nadie habla del Estado Laico, y los derechos de la comunidad GLBTT aún siguen siendo “no prioritarios” para este gobierno ahora ceñido con la guerra.

Atrás quedó la cuestión de la financiación a la Educación Superior y los planes de los sectores oligárquicos, bajo mandato del Banco Mundial, de privatizar las Universidades Públicas.

Ya nada importa, somos un país en guerra.

Y ambos gobiernos nos llevarán a la muerte absurda por mero cálculo político. Ortega solicita al Congreso nicaragüense que se le otorguen poderes de guerra y que se restablezca el servicio militar obligatorio. En Costa Rica, el ala belicista de la derecha nacional, representada por el ministro de seguridad José María Tijerino quien gustoso hizo gala de nuestro incipiente ejército nacional, ha logrado movilizar a la población, promover un nacionalismo rancio, mezclado con xenofobia y racismo. Se habla de la necesidad de restablecer el servicio militar, todos parecen pedirlo a gritos. Es lo propio de un estado de guerra, dirán.

Se ha logrado consolidar la Unidad Política, la gente, extasiada por la euforia nacionalista y el matonismo machista, pronto estará dispuesta a aceptar la consolidación del Estado Total, por eso se totaliza al “enemigo”. Y para justificar la necesidad y la permanencia del Estado Total, se le declarará una guerra al enemigo totalizado. Pero hay un enemigo interno, ya la Chinchilla lo caracterizó e hizo un llamado a la población para que se le unieran en su lucha contra los grupos radicales. Los movimientos sociales son los enemigos internos, son el verdadero objetivo a combatir y la razón para militarizar al país.

La situación se agudiza, los gobiernos se provocan.

La Chinchilla, la “Iron Maiden Tropical”, envía tropas a la frontera, tacha a Ortega de cobarde. Ella comprende ahora su papel. No fue colocada en el poder para que gobernara, ni para mandar, ni nada más que para administrar un proceso que los Arias le heredaron, y que ella está cumpliendo al pie de la letra: el restablecimiento del ejército es la última estocada a lo que queda de la Segunda República. Qué mejor forma de acabar con la Segunda República que destruyendo lo simbólico que la fundó.

No es un sueño, y a pesar de que parezca pesadilla, es nuestra realidad… Están militarizando a Costa Rica… nos encontramos en estado de guerra, la población movilizada se concentra en torno a la presidente, le dan su apoyo, hasta la misma oposición, administrada ya…

Estamos a un paso de que la violencia paranoica común de la guerra se desate y de paso a la violencia física contra ese enemigo y todo lo que representa, ya hablamos hasta de borrar a Nicaragua del mapa y en su lugar colocar el “mar de la felicidad”, una clara alusión al exterminio.

Blanca y pura descansa la paz… ¡en paz! Yo no tengo las manos manchadas de sangre, yo no me uno a la euforia nacionalista ni al matonismo machista.

En cambio usted, quien presuroso/a sacó sus banderitas guardadas para tiempos en los que juega la sele; usted, quien le da su apoyo ciego e incondicional a este gobierno en sus ansias militaristas, no importa que se diga de izquierda, universitario/a, ama de casa, empresario/a, colegial, religioso/a, humanista, etc, es usted un/a asesino/a, sus manos están manchadas de sangre.

Es por usted que la paz yace inerte, pisoteada por las botas militares, denigrada por los llamados a la guerra. ¿Quiere usted ser recordado/a como un asesino?